Por un lado...¿a quién no le gusta comer el trozo de pizza que quedó de la noche anterior? A mi me encanta, y no sé si decirles que me gusta más que la recién horneada. Vale, sé que es muy fuerte, pero es así. Y sé, que estamos de acuerdo.
Y otra... ¿Qué harían con una Shandy que merodea por la nevera? Posiblemente pimplársela en menos de lo que canta un gallo. Pues yo no. Porque soy de ese extraño 1% de la población a la que no le gusta la cerveza y eso que lo he intentado con varias marcas, varios tipos y varias temperaturas, pero nada.
Entonces opto por un PLAN B y esta vez fue crear una masa de pizza con dicha cerveza. Y oye, mucho mejor. Masa ligera, rica y crujiente. Que es básicamente lo que le pido a una pizza.
Ingredientes:
- 1/2 vaso de cerveza Shandy
- 1/2 vaso de leche desnatada (aunque podemos usar cualquiera)
- 1/2 vaso de aceite de girasol
- 1 cucharita de sal
- 2 vasos de harina de trigo (y quizás un poquito más cuando la pasemos a amasar)
Preparación:
- En un bol, con un tenedor mezclamos todos los ingredientes líquidos y la sal.
- Agregamos la harina a cucharadas colmadas y vamos uniendo con los líquidos. Cuando ya no podamos domarla dentro del bol, la pasamos a la encimera con harina.
- Amasamos hasta conseguir una masa homogénea.
- Y estiramos con el rodillo. Yo la dejo finísima como pueden ver en la foto.
- Y sobre la bandeja del horno que yo cubro con papel vegetal (mi gran amigo), espolvoreamos un poquito de harina y ponemos la masa.
- Ponemos el topping que más nos guste. Y aquí no me meto, que para gustos colores!
- Y al horno, en el piso más bajo a 200ºC hasta que se dore. Yo la vigilo y cuando esté a mi gusto la saco.




